Las lágrimas de Oswaldo

Tres a uno: Así fue el marcador final en el primer encuentro de la selección nacional allá en Alemania jugando contra Irán cuyos números favorecieron al equipo azteca. Honestamente a mí no me gusta el fútbol; pero me guste o no, los medios de comunicación me han hecho sentir que si no estoy "en onda" con la fiebre mundialista no pertenezco a este planeta. En fin, ayer vi la segunda parte de este encuentro que todo México esperaba y casi estuve tentado a gritar ¡¡¡Goooool!!! cada que vi entrar ese balón en portería contraria. Mi esposa Paty, que estaba haciendo el quehacer doméstico en esa mañana de domingo, se quedó mirando el partido conmigo después de que la llamé para que viera la repetición del segundo gol, mientras que Leo y el pequeño Dany jugaban no recuerdo a qué.
Cuando el árbitro pitó anunciando el término del encuentro, vino la mejor parte con las repeticiones y las tomas en cámara lenta que hicieron de ese mometo algo mágico e inolvidable. Oswaldo Sánchez, el portero de la selección nacional y quien días antes había sufrido la muerte de su señor padre; hincado y alzando las manos, dejaba salir unas lágrimas auténticas producto de la mezcla de sentimientos que seguramente se debatían en su interior. Por un lado la muerte de su progenitor y por el otro, el haber ganado el primer encuentro en el mundial.
Le aseguro a usted que nada hay más real que la realidad misma (que filosófico llegué hoy), y es que ni el mejor actor de cine, puede imitar siquiera un mínimo grado de sentimiento como el vertido en esa cancha allá en Alemania por el portero mexicano.
Más que el partido mismo, me cautivó Oswaldo Sánchez que, sin necesidad de palabra alguna, logró expresarnos el pesar y la alegría en un mismo minuto. Puso sobre el pasto no sólo sus rodillas; sino su espìritu mismo y nos hizo hiciéramos conexión con él a los que estábamos viendo el partido por la televisión.
 
La mera verdad -aunque me critiquen mis amigos los meros machos- yo soy muy chillón, mientras Oswaldo me envolvía en su rollo estuve a punto de reir y llorar al mismo tiempo. Tratando de no parecer "un debilucho" fingí rascarme la ceja mientras secaba las lágrimas que advertían salir en cualquier momento y claro, no dejaría que me esposa viera y se pusiera en evidencia mi "sentimentalismo".
Lentamente, voltié hacia mi esposa para verificar que no me estuviera viendo y observé cómo ella dejaba caer dos lágrimas por sus mejillas mientras observaba, al igual que yo, la televisión.
 Muy buen partido…
 
Tleluz
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