le M-E-N-T-Í

Hace unos días le platicaba a usted sobre la dificultad constante de "salir a jugar" fútbol en la calle, pues la mayoría de ellas están pavimentadas y al parecer, debido a la elevada capacidad de adquisición de nuestra gente, cada vez pasan más autos transitando velozmente y con toda razón, los conductores piensan que las calles son para todo, menos para andar esquivando pequeñines que corren tras la pelota. También recordará que en el texto "¿Dónde jugarán los niños?" hice la manción que los únicos lugares para darle vuelo a la hilacha echando patadas y pelotazos eran las canchas deportivas. Pues bien: le mentí. Sí le mentí. Le   M-E-N-T-Í.
 A continuación le digo por qué le mentí…
Hoy a las cuatro de la tarde, salí con Leo y el pequeño Dany a la Unidad Deportiva "Humberto Romero Flores" de esta ciudad. El sol estaba verdaderamente agresivo y el calor insoportable. En fin, llegamos a la unidad y como lo esperaba, estaba prácticamente vacía. Leo comenzó a correr con balón en mano y al pequeño Dany le brillaron los ojos cuando que ahí no había que cuidarse de ningún coche…
Hacía ya buen tiempo que no visitaba aquel lugar. Ahora la cancha tiene césped y las porterías están acondicionadas con malla, pintura y todo el asunto. Leo, de siete años, no puede patear el balón ni a diez metros siquiera, así que en una orilla de la magestuosa cancha y aprovechando que estaba vacía, comenzamos a jugar pases mientras Dany corría de un lado al otro sintiendo la diferencia de jugar en la calle y hacerlo en una cancha profesional.
Apenas llevábamos diez minutos arrojándonos la pelota cuando de pronto se acercó una mujer.
-¡Ey, señor…aquí no pueden jugar fútbol!
-¿Qué? -le contesté sorprendido- Ni siquiera estamos ocupando mucho espacio. Además no hay nadie jugando en ella…
 Se me quedó viendo como enfadada y sin más explicaciones, dijo la palabra mágica.
-Por favor, sálganse de la cancha…
Tomé a Dany de la mano y le dije a Leo que sería en otra ocasión.
Leo, sin decir comentario alguno, me siguió lentamente y supe que s pequeña cabecita se estaba preguntando por qué no podíamos jugar fútbol en una cancha de fútbol.
Nos dirijimos a la cancha de básquetbol y alcanzamos a escuchar que desde el auditorio alguien botaba un balón y tiraba a la canasta. Ni tardo ni perezoso, LEo me dijo que entráramos. Efectivamente, dentro del auditorio estaba un muchacho jugando básquetbol y sentadas en la trubuna, dos muchachas que se nos quedaron viendo cuando entramos.
Empezamos a jugar en la mitad de cancha desocupada y apenas estábamos empezando a sudar cuando una de las chicas se acercó a mí y me dijo que no podíamos jugar allí, que saliéramos. Que ellas habían pedido prestado el auditorio.
Leo me vio fijamente y yo sólo encogí los hombros.
Salimos a las canchas y comenzamos a patear la pelota. Empezó a llegar gente y honestamente supe no estábamos haciendo lo correcto jugando fútbol en una cancha de básquet.
 
Mejor salimos de allí y nos fuimos a la tienda Ley…
No compramos nada, sólo fuimos de mirones…
¿Ya ve por qué le mentí diciendo que uno podía ir a la Unidad a jugar con la familia?
 
Tleluz
 
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