León Guanajuato…

Mañana va a hacer una semana que fui a León Guanajuato y ahora que lo recuerdo ese paseo puso en claro muchas de mis debilidades que guardaba muy celosamente…
 
Cuando íbamos entrando a la ciudad me comenzaron a sudar las manos. Creo me sentí como mucha gente cuando sube a un elevador: como con una tensión muscular y un nerviosismo extraño que recorre todo el cuerpo. Ver los espectaculares y la infinita cantidad de autos me puso los pelos de punta. Vaía todo grande, como cuando a un niño se le lleva por primera vez a la iglesia, veía todo, volteaba hacia allá y luego hacia acá. Mis ojos se abrían más a cada kilómetro y hasta el aroma que se respiraba era diferente.
En el auto, la familia de mi esposa viajaba con naturalidad; los veía como una familia más viajando en esa ciudad. Mi suegro conducía el auto acelerando y girando el volante con una solemnidad asombrosa. Era como si tuviera años conduciendo por las calles de León. Esa seguridad me dio más temor.
 
Cuando nos estacionamos fuera de "Sam´s" (un súper, súper grande) no pude dejar de ver la belleza de la gente. Así es, aunque se escuche raro, eso veía: la belleza de la gente.
Recordé a mi profesor Miguel Bernal diciendo "la maldad se refleja en la cara, la ignorancia también" y pensé que también se reflejaría la felicidad. Eso le daba a la gente una belleza especial. Se veían satisfechos, se veían limpios, como recién bañados. La mayoría de las personas que estaban dentro de aquel súper tenían prácticamente  el mismo estilo y con ello supe que así como hay antros para para la raza y para la crema y nata, lo mismo pasaba con los sùpermercados allá en León.
 
Una de las cosas que más me sorprendió fue el tremendo placer por parte mi familia en ir a aquellos lugares, andaban como peces en el agua. Mientras Leo le pedía a su abuelita ir a Mac Donal´s yo me comía las uñas viendo tantas luces, tanta limpieza y tanta gente. toda esa perfección me hacía tragar saliba.
 
Me pregunté por qué me sentía sí. Llegaron a mi cerebro respuestas desde las más disparatadas hastas las más filosóficas y sistemáticas. También me pregunté por qué no me pasaba lo mismo en Morelia o el mismo Distrito Federal. -Ahora que lo recuerdo, sólo me he sentido así en León y Guadalajara- Y es que en ciudades como la que visitaba en aquel sábado no lograba disfrutar la ocasión. Más bien la sufría.
En Morelia era diferente, la personalidad de esa ciudad es como más mía: no hay tanta perfección y el estilo de vida es menos "glamuroso".
 
En fin, ese sábado más allá de sentirme ajeno a esa metrópoli, me sentí incómodo conmigo
mismo. Supe que sería difícil QUERER ofrecerle a mi familia una vida así. Tal vez la mayoría de las ciudades DEBEMOS crecer económicamente como la ciudad de León. Tal vez un crecimiento así trae consigo un bienestar social y eso es precisamente lo que todos queremos; que nuestra familia viva en un lugar donde puedan existir los satisfactores necesarios…Sin embargo, yo no pretendía vivir así, de ese modo, y mientras lo pensaba me sentí egoísta y más confundido aún.
 
 
No sé cuántas veces he ido a León, pero honestamente, no recuerdo haber disfrutado como debía en ninguna de las visitas. He conocido personas que hablan de esa ciudad como la mejor ciudad para habitar. Yo tengo miedo de no pensar lo mismo. Siento que no estoy preparado para esa armatoste económica.
 
Ojalá que mi percepción pueda cambiar…
 
Tleluz
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