Adolescente: dolor, dolencia, dolido.

Nunca me imaginé que la palabra "adolescente" fuera tan extensa. Esta palabrita proviene del latín "Adolesere", que significa dolencia, dolor, dolido.
 
¿Ha visto usted cómo algunas serpientes tienen la capacidad de cambiar de piel? pues eso es lo que le pasa a los adolescentes: cambian de piel; pero no sólo de eso, a diferencia de las serpientes que sólo cambian en su exterior, el adolescente cambia en todos sus aspectos.
 
El mundo del adolescente da un violento vuelco en el aspecto físico, social y mental. Se pregunta tantas cosas de esa vida infantil que está dejando atrás. ¿Por qué le ha de seguir obedeciendo a sus padres? ¿Por qué tiene que acatar órdenes si ya quedó atrás su infancia? Pero lo grave del asunto es que, lo acepte o no, sigue siendo en parte niño: no es lo suficientemente maduro para llevar las riendas de su vida y no es lo suficientemente dócil para seguir acatando las reglas familiares y sociales.
 
Cuando el adolescente se comporta con indisciplina y anarquía, está pidiendo a gritos que el mundo entero ponga los ojos en él, pues necesita reafirmar y confirmar su personalidad. ¿Ya ve por qué "adolescencia" proviene de "adolesere"?
Generalmente los adultos, por mismo sistema de defensa, nos bloqueamos a nuestros recuerdos y pareciera que nunca tuvimos adolescencia, tratando a nuestros muchachos como si ellos estuvieran viviendo una etapa extraña llena de rebeldía
y desobediencia; sin embargo, en mayor o menor grado, todos hemos experimentado esta época de dudas e inconformidad.
 
Para el adolescente, sus padres dejan de ser esos "súper héroes"  y se convierten en seres humanos imperfectos, tercos y anticuados. Sus profesores dejan de ser esos "maestros supremos y ejemplares" para transformarse en dictadores crueles y despiadados. El adolescente, pues, cree que todo aquello que considera norma, ley, estatuto, autoridad o superioridad, es la antítesis de lo que para él debe ser.
 
Pero saboreemos a nuetros adolescentes. Ellos tienen la magna capacidad de "renacer" y, como la mariposa, abrir las alas y sentirse diferente. De nosotros depende verlos como unos villanos, carambas, desobedientes y maldosos o por el contrario, analizarlos en una perspectiva más humana, condescendiente, respetuosa.
 
Ayudemos a nuestros adolescentes a canalizar esa energía negativa y sacar provecho de ella. Mucho depende de nosotros el fomentar la reflexión en ellos para ayudarlos a descubrirse en todo aquel dolor. México necesita de adolescentes felices para tener futuros adultos felices.

 

Tleluz
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