La Educación del Miedo

 

 

 

La educación del miedo

Por: Pedro Arturo Tlelo Ramírez

 

Hace unos días, observé por televisión una entrevista al polémico empresario Jorge Vergara y me quedé sorprendido. ¿Qué dijo el propietario del equipo de Las Chivas para que yo lo incluyera en una sección que trata de temas educativos? Pues habló del miedo.

 

Palabras más, palabras menos, el señor Vergara dijo que en nuestro país vivimos inmersos en el constante miedo. Miedo a equivocarnos, miedo a ser pobres, miedo a cruzar la calle, miedo a reprobar Matemáticas, miedo a que nos muerda el perro, miedo a ser criticados; miedo, pues, al fracaso. Nuestros objetivos de vida están basados, no en el éxito, sino en el no fracaso. Nuestro entusiasmo no depende de la fuerza interna; sino de la ausencia de miedo. Pareciera que enfocamos nuestros sentidos a lo negativo que nos puede suceder si no hacemos lo correcto y no a las situaciones positivas. ¿Qué tiene que ver esto con educación? Todo, déjeme explicarle.

 

Los padres de familia, profesores, compañeros y hasta los medios de comunicación, insistimos en que “si no comes, te vas a quedar chaparro”, “si no estudias, vas a ser burro”, “si no te fumas un cigarro, no eres hombre”, “si no te pones desodorante X, vas a quedarte sin pareja”. Esto, definitivamente, cambia nuestra visión del mundo y nuestro actuar en él. Si la principal herramienta en nuestro actuar es el miedo, las repercusiones son palpables.

 

Lo peor del asunto, es que esto no se limita a trivialidades como un cigarro o un desodorante; el miedo está en todas partes y en todos los niveles: religión, deporte, política y educación.

El niño, va a misa, no porque le agrade; sino porque no quiere ser castigado –ni por Dios, ni por sus padres. El atleta, no compite para ganar; sino para no quedar en último lugar y ser el blanco de las críticas. El diputado no critica a su propio partido no por absoluta afinidad, sino para no acarrearse más conflictos. El niño, no lee un libro porque le cause placer, sino porque, si no lo hace, va a fracasar en la vida.

 

¿Se puede gozar plenamente, así, lo que se hace? No. ¿Por qué vemos los errores como una forma de fracaso y frustración? Porque los maestros nos dijeron que a mayor cantidad de errores, menor calidad de estudiante ¿Por qué nos afecta tanto una caída? Porque desde niños nos enseñaron a no caer.

 

Ya para concluir, me atrevería a decir que debemos cambiar ese paradigma. Confrontemos nuestros errores y quitémosles la máscara de fracasos. Veamos los problemas como oportunidades con espinas. Observemos nuestras caídas como la posibilidad de levantarnos de nuevo y con mayor sabiduría.

 

Que no nos frustre un momento difícil. El miedo debe ser una herramienta; no un obstáculo.

 

El miedo debe ser respeto y precaución; no un “entorpecedor” de nuestras acciones ¿A poco no?

 

 

Tleluz 

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